“Una sola reelección más, todo lo demás está en línea con una reforma moderna, neoliberal que será aplaudida por el mundo civilizado…”.
Frases más, frases menos Alfonsín-Menem sellaban así el Pacto en Olivos. El acuerdo bipartidista permitió una nueva presidencia y una reforma constitucional para quien, con el correr de los años se transformaría en el verdadero introductor del mecanismo vende patria contra todos los recursos naturales y riquezas argentinas: Hidrocarburos, minerales, acuíferos, tierras fiscales, bosques, ríos, mares, pesca; etc. Todo terminó enajenado, privatizado, concesionado, permisionado, tercerizado, dado, regalado, entregado… por el Pirata Cojo de la tapa. Mírelo bien, no se vaya a defraudar. Si este pirata llega al Senado, las megamineras y demás mafias habrán recuperado a su mejor aliado: El Entregador.
La política de los noventa parece reciclarse con Menem camuflado de kirchnerista por obra y gracia de Beder Herrera. La confusión de liderazgo con farandulaje, la claudicación de las ideologías y de los principios de la ética política por un pragmatismo inescrupuloso. Durante las campañas de Menem, las frases cortas como el “síganme”, el “acompáñenme”… reemplazaron a las propuestas serias y a los programas electorales que luego el elector puede constatar si se cumplen o no.
Con el feo olor de que las causas judiciales se arreglan en contubernios políticos y con la concepción de que la política debe ser la rectora de todo, el oficialismo no deja de promover a Menem con la intencionalidad de posicionarlo por arriba del otro oficialismo. ¿Cuál de los dos es el verdadero? Entre el auténtico y el muleto las sospechas y las intrigas de quién es quién, tiene enloquecidos a sus integrantes: los azules de Tere Luna, Tineo y Fonzalida saben que en Chilecito y La Rioja no pueden repetir el guarismo de la primaria. La vice gobernadora no puede quedar como que la candidata de la Presidenta cae derrotada frente al viejo pirata de Menem que encarna y resucita el modelo diametralmente opuesto. Guzmán Soria vería esfumarse el sueño del pibe y Fonzalida no puede perder, mucho menos en Chilecito, donde el liderazgo demostrado en la elecciones municipales se dilapidaría en un abrir y cerrar de ojos.
Los verdes de Menem se juegan con el ex Presidente la revancha y para Rejal, Moreno, Gaitán, Molina y la mismísima Griselda Herrera volver a dejar en el tercer lugar a Fonzalida sería la mejor circunstancia para cortarle al fonzalidismo las alas y la pretensión de dejar sucesión en Chilecito para después del 2015. Si Menem le gana a Tere Luna, Beder Herrera le estaría ganando a Cristina Kirchner; si Cristina Kirchner logra que Tere Luna supere a Menem, Beder no aparecerá como un verdadero ganador y le quedará en el paladar un gusto agrio, propio de un triunfo no querido.
Tanto el radicalismo como el lunismo no pueden permitir un triunfo de Menem. Saben que implicaría políticamente a nivel de representación un retorno a una dirigencia vinculada a la superficialidad y el mediatismo, al vaciamiento del Estado y seguramente al abandono de un rol promotor para dejar en las reglas del más crudo mercado la profundización de las desigualdades. Agarrapados como parásitos perrunos de las minimalistas patillas de Menem, en otras épocas briosas y caudillistas en remembranzas de viejos líderes populares montoneros, que se habrán rebelado desde la tumba por la metamorfosis de quien intentaba asimilárseles.
Con Menem va un coctel de oportunistas y arrepentidos que por medios propios quedó demostrado no llegaran jamás. Así como Beba Soria no se imaginó nunca ser Diputada Nacional, ahora podría llegar al Senado y batir un record vergonzoso: Si en la Cámara de Diputados nunca habló, en Senadores haría lo mismo y sería la única mujer en ocupar bancas en las dos Cámaras del Congreso sin pronunciar jamás una palabra. Y seguramente ese es el gran mérito para estar donde está.
Por debajo de ella, alimentando una ambición desmedida y perniciosa va como suplente el riojano Néstor “Titi” Bosetti, un tipo que podría causar el pavor de propios y extraños si el destino le juega una mala pasada a la desgastada salud de Menem y lleva cuatro metros al subsuelo al veterano senador y catapulta a su suplente a un escaño donde sólo sabrá entretenerse con jueguitos robóticos y secretarias prestadas del programa de Sofovich.
En Chilecito, Beder llamó a todos a jugar por Menem, incluso hasta los que estuvieron con Fonzalida. Algunos hoy apoyan a Menem, otros prefirieron mantener la coherencia (fue el caso de Andalor) y otros evitaron concurrir a la finca “La 6”, porque la propuesta los incomodaría. El que se pone colorado hasta en la pelada es Tineo, que no entiende la jugada de su Jefe y le echa la culpa a Ariel Puy, antiguo amigo y viejo enemigo dentro del propio bederismo.

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